Dr. Carlos Maldonado
Médico / Sexológo
En algún momento de nuestra vida nos enfrentamos a la dolorosa experiencia que representa perder un ser querido, una mascota, un empleo o un objeto de valor afectivo. Es inevitable, ante estas situaciones, atravesar un proceso de duelo.
El duelo es un proceso psicológico normal y lo vivimos cuando enfrentamos una pérdida. Se caracteriza por un sentimiento de angustia intensa y dolor incuestionable. Suele ser un proceso confuso acompañado sensación continuidad y permanencia. Pese a ser un proceso necesario, con frecuencia las personas no están preparadas para enfrentar los sentimientos que lo acompañan.
Este conjunto de sentimientos que caracterizan el duelo pueden constituirse en un mecanismo de protección emocional que permite establecer un distanciamiento ante un suceso que nos afecta. Suele terminar cuando logramos descansar ese peso emocional.
Vivir el duelo incorrectamente puede ocasionar problemas físicos, emocionales, espirituales y cognitivos. Se dificulta el concentrarnos y pensar. Podemos experimentar aislamiento social y presiones económicas. Lo profundo de nuestro dolor parece convencernos de que nadie puede ayudarnos o de que no podremos sobrevivir, no entendemos nuestra vida.
Cuando tratamos de ignorar o demorar el duelo, éste encuentra un camino para hacerse conocer. No se evapora si lo ignoramos.
Las personas que viven el proceso del duelo experimentan cinco fases o facetas que son: negación; rechazo y aislamiento; expresión de rabia; depresión y resolución o aceptación. Estas no se dan en un orden fijo.
Recomendaciones practicas
Cuando enfrentamos una situación traumática, es favorable recordar algunos elementos que nos permiten manejar esta experiencia de manera mas sana:
Date permiso para estar en duelo, no te resistas.
Date permiso para estar mal, necesitado, vulnerable…Puedes pensar que es mejor no sentir el dolor, o evitarlo con distracciones y ocupaciones pero, al final, el dolor saldrá a la superficie. El momento de dolerte es ahora.
Acepta el hecho de que estarás menos atento e interesado por tus ocupaciones habituales o por tus amistades durante un tiempo, que tu vida va a ser diferente, que tendrás que cambiar algunas costumbres…
Deja sentir dentro de ti el dolor
Permanece abierto al dolor de tu corazón. Siente y expresa las emociones que surjan, no las pares. No te hagas el fuerte, no te guardes todo para ti, y con el tiempo el dolor irá disminuyendo.
Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de tu ser amado, es el único camino para cerrar y sanar la herida por la perdida.
Date Tiempo Para Sanar
No te hagas pues expectativas mágicas. El duelo, como todo proceso emocional, toma su tiempo para sanar. Mientras vives el duelo deberás prepárate para las recaídas. Hoy puedes estar bien y un suceso inesperado, una visita, el aniversario, las Navidades te hacen sentir que estás como al principio.
El momento más difícil puede presentarse alrededor de los 6 meses del fallecimiento, cuando los demás comienzan a pensar que ya tienes que haberte recuperado.
Se Paciente Contigo Mismo/a
Aunque las emociones que estas viviendo pueden ser muy intensas y necesitar mucha energía, son pasajeras. Procura vivir el momento presente, por duro que sea. Se amable contigo mismo/a. Recuerda que el peor enemigo en el duelo es no quererse.
Aplaza Las Decisiones Importante
Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo, marcharte a otro lugar…es preferible dejarlas para más adelante. Seguramente, ahora no puedes pensar con suficiente claridad, y podrías más tarde lamentarlo. No suele ser tampoco conveniente iniciar una nueva relación afectiva (nueva pareja, otro embarazo…) mientras no hayas resuelto adecuadamente la pérdida.